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¿Por qué pueden doler las relaciones sexuales? Causas más frecuentes y cuándo acudir al ginecólogo

Sentir dolor durante las relaciones sexuales es más común de lo que parece, pero no debe considerarse “normal” ni algo a lo que haya que acostumbrarse. Este síntoma tiene nombre médico, dispareunia, y puede estar relacionado con causas físicas, hormonales o emocionales que es importante identificar a tiempo. Comprender por qué ocurre el dolor es el primer paso para buscar ayuda profesional y recuperar una vida sexual satisfactoria y sin molestias.

¿Qué es la dispareunia?

La dispareunia es el término médico que se utiliza para describir el dolor genital que aparece antes, durante o después de las relaciones sexuales. Este dolor puede ser superficial, cuando se siente sobre todo en la entrada de la vagina, o profundo, cuando aparece con la penetración más intensa o en determinadas posiciones. Identificar el tipo de dolor ayuda al especialista a orientar mejor el diagnóstico y el tratamiento.

Causas físicas frecuentes de dolor en las relaciones

Existen diversas causas orgánicas que pueden provocar dolor al tener relaciones sexuales, y muchas de ellas son tratables. Entre las más habituales se encuentran:

  • Falta de lubricación o sequedad vaginal, frecuente en la menopausia, posparto, lactancia o por ciertos medicamentos y anticonceptivos.

  • Infecciones vaginales o urinarias, como vaginitis, infecciones por hongos o infecciones de vías urinarias, que irritan los tejidos.

  • Enfermedad inflamatoria pélvica, quistes ováricos, fibromas o endometriosis, que pueden producir dolor pélvico profundo durante el coito.

  • Lesiones, cicatrices o traumatismos en la zona pélvica, por ejemplo tras episiotomía, parto, cirugías o accidentes.

  • Trastornos del suelo pélvico, como una musculatura muy tensa o contracturas, que dificultan la penetración.

En todos estos casos, una valoración ginecológica completa es clave para localizar la causa y ofrecer el tratamiento adecuado.

Factores hormonales y sequedad vaginal

Las hormonas también juegan un papel importante cuando hablamos de dolor en las relaciones. La disminución de estrógenos en etapas como la menopausia o el posparto favorece la sequedad vaginal y la atrofia de los tejidos, lo que puede generar ardor y dolor con la penetración. Algunos anticonceptivos hormonales y medicamentos como antidepresivos o antihistamínicos también pueden reducir la lubricación natural. En estos casos, el uso de lubricantes adecuados y, cuando el especialista lo indique, tratamientos hormonales locales pueden mejorar notablemente el confort sexual.

Causas emocionales y psicológicas del dolor

No todo el dolor durante las relaciones sexuales se explica solo por causas físicas. Factores como la ansiedad, el estrés crónico, experiencias sexuales traumáticas, problemas de pareja o miedo al dolor pueden influir en la respuesta del cuerpo y aumentar la tensión muscular, especialmente en el suelo pélvico. Esto puede favorecer la aparición de dispareunia y, si no se trata, generar un círculo vicioso de dolor y evitación del contacto sexual. En muchas ocasiones, el abordaje más efectivo combina tratamiento ginecológico con apoyo psicológico o sexológico.

Vaginismo y otros trastornos específicos

El vaginismo es un trastorno en el que se producen contracciones involuntarias de los músculos que rodean la entrada de la vagina, haciendo muy difícil o incluso imposible la penetración. Estas contracciones suelen estar relacionadas con miedo al dolor, ansiedad o experiencias previas negativas. Otras condiciones, como la vulvodinia (dolor crónico en la vulva) o alteraciones de la piel en la zona genital, también pueden causar quemazón, escozor y dolor durante el coito. El tratamiento suele incluir fisioterapia de suelo pélvico, técnicas de relajación, uso progresivo de dilatadores vaginales y acompañamiento terapéutico.

¿Cuándo es importante acudir al ginecólogo?

Debes consultar con un especialista en ginecología cuando:

  • El dolor se repite en la mayoría de las relaciones o va en aumento.

  • Presentas sangrado, ardor intenso, flujo anormal o mal olor acompañando al dolor.

  • Has tenido partos, cirugías pélvicas o traumatismos recientes y el dolor no mejora.

  • El dolor afecta tu deseo sexual, tu autoestima o tu relación de pareja.

Un diagnóstico temprano permite descartar enfermedades importantes, tratar infecciones o problemas hormonales y, si es necesario, derivar a otros profesionales como fisioterapeutas de suelo pélvico o terapeutas sexuales

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